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I Son cuatro las piezas que conforman la muestra. Cada una de ellas presenta una especial atención por los detalles y también respeto por la materia de la que están hechas. Como sucede siempre en el trabajo de un artista, hay más de una lectura en el conjunto de la exhibición porque se trata principalmente de un juego de percepción compuesto por imágenes. Después de todo su autora es principalmente fotógrafa. Pero eso es parte de la ilusión y no su totalidad. Lo cierto es que una aproximación más cercana llevará al espectador a introducirse en un universo tan visual como material y, sobre todo, atmosférico. A partir de entonces es que se evidencia esa inquietud por experimentar con la materia, las texturas y patrones geométricos propios de la Amazonía. Se abre así la senda guiada por una voluntad íntima y personal hacia un universo en el que conviven plantas y animales, elementos naturales e ideas espirituales. Un mundo a punto de desaparecer que emerge brevemente para afirmar de alguna manera su existencia. Es la mirada de Marina García Burgos sobre una dimensión cultural y geográfica que tiene sus raíces en la naturaleza misma. II Conocí a Marina García Burgos cuando éramos periodistas del grupo El Comercio. En los años 90 la situación política y social del país no podía ser más convulsionada. Y, al mismo tiempo, el desarrollo de los medios de información empezaba a tomar una velocidad nunca antes vista. Para dos jóvenes periodistas era necesario subirse en esa montaña rusa de inmediato. Lo que ignorábamos era que no volveríamos a bajarnos de ella. Al menos no en mucho tiempo. Nuestro interés era la cobertura de aquella información que hasta ese momento se consideraba inactual: la cultura, el arte, el espectáculo. Así producíamos información que almacenábamos hasta que el editor de turno consideraba que era el momento de publicar. Y luego, en una de esas curvas de la montaña rusa, de pronto nos vimos a la caza de noticias que se publicaban de inmediato. Ya no teníamos que esperar. Conocí así a una fotógrafa capaz de acudir a los escenarios más dispares e inesperados con la misma solicitud. Siempre estuvo a tiempo, impecable, exigiéndose mucho a sí misma. Pero Marina no es sedentaria. No estaba hecha para un solo tipo de trabajo porque lo suyo es la independencia. Así que eligió alternar el trabajo periodístico con la fotografía comercial, el retrato social, las editoriales de moda y, con el paso del tiempo, emprendiendo proyectos más personales dirigidos a la atención de casos concretos de Derechos Humanos. Hoy se encuentra inmersa en una búsqueda que no es casual ni premeditada. Es resultado de una continua exploración de motivaciones sociales y artísticas. Tan natural como el entorno en el que se encuentra inmersa. Captando a través de sus obras dos puntos claves para entender el eje narrativo sobre el que se centra. Por un lado, la atención a un llamado de auxilio de un planeta asediado violentamente por un supuesto desarrollo y, del otro, de una plena afirmación en la recuperación de ese mundo en peligro. Nada detiene el espíritu creativo. No lo hicieron las sucesivas crisis que vivimos como sociedad. Tampoco ahora en medio de una pandemia de dimensiones extremas que parece no terminar. Alberto Servat Miraflores, Octubre del 2020
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