Submenu
A nadie se le escapa que vivimos en un presente atormentado por la ansiedad de su propio futuro. En momentos como éste, cuando los eventos inesperados o inexplicables que se suceden a diario exigen que revisemos y examinemos constantemente nuestras acciones y nuestras convicciones, el entendimiento de nuestra civilización y de nuestra historia y sus vicisitudes parece primordial. No se trata tanto de que estemos abocados a repetirnos si olvidamos la historia, como diría Blanco White. En esta época nuestra que detesta la historia—o solo la considera para manipular, revisar, esconder o borrar los hechos y los sucesos y sucesos acaecidos en nombre de un presente decadente y corrupto que se perpetúa como omnipresencia socio-política y económica cada vez más autoritaria y unidimensional—nos hemos transformado en agentes sin “existencia histórica”. Marinés Agurto es consciente de que estamos situados en medio de la condición histórica; no lo hemos elegido y es existencialmente inevitable. Para ella, y para su conciencia del pasado y de la historia, esta condición no supone simplemente una desgracia sino también un desafío. Su obra no se inhibe de esos complejos dilemas y preocupaciones. Pero la artista no recurre a la historia como tema de inspiración o para establecer un diálogo con ella para dilucidar nuestro papel en la historia reciente. El pasado que Agurto emplaza frente a nosotros se aborda, a veces, para expresar o denunciar el deterioro o la destrucción implacable de nuestro entorno y de nuestras tradiciones culturales frente a un contexto de creciente homogeneización asfixiante y, a veces, rescata fórmulas, construcciones y prácticas artesanales obsoletas o anacrónicas para enaltecerlas como merecedoras del status de arte, en contraste con la continua estandardización de los lenguajes y diseños formales. Lo que caracteriza su obra—en términos similares a los de otros artistas limeños interesados entre la construcción y la ruina—responde a una estética fragmentada, como la de nuestras culturas residuales oscurecidas por el poder de los medios y las tecnologías. Y en nuestro Antropoceno—un contexto de total crisis climatológica y medioambiental—Agurto nos enfrenta a la ruptura del equilibrio entre la materia inerte de nuestra cultura tecnológica y las fuerzas naturales. Este cambio fundamental se presenta como una tragedia local y global, como en las ruinas, porque la destrucción que percibimos no es algo gratuito procedente del exterior sino la realización de una tendencia inherente a los legados problemáticos de la hegemonía de clase, la dominación colonial y la explotación capitalista. Octavio Zaya
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